La maestra le había pedido a los alumnos de cuarto de primaria que llevaran una maqueta del relieve y sus principales hechos geográficos como parte de la evalaución final de la materia y les aseguró que al mejor trabajo de la clase le daría un punto extra en la nota.
Néstor no sólo quería ganar ese punto extra, sino que lo necesitaba para salvar la materia y poder disfrutar de sus vacaciones con tranquilidad.
Inmediatamente terminó la jornada escolar, se fue corriendo al río a conseguir arcilla para la tarea. No se dejó tentar por sus amigos que le gritaban que lo necesitaban para jugar con ellos un partido de fútbol, ni tampoco jugueteó en el río buscando peces o ranas como era su costumbre. Esa tarde, Néstor sabía que nada podía distraerlo.
En su casa se abrió espacio en la mesa del comedor, sacó una tabla del taller de su papá de las que utilizaba para tapizar muebles y con la arcilla empezó moldear el relieve.
Sus habilidades plásticas no eran muy fuertes y, pese a la flexibilidad del material, Néstor no lograba que las colinas, ríos y volcanes quedaran como él quería. Después de muchos intentos quedó satisfecho con su resultado y, cuando la arcilla se secó, empezó a colorearlo con témperas.
Se preparó un pan con miel y mientras le daba pequeños mordiscos, con la otra mano daba pinceladas a los lugares donde aún la pintura no había penetrado en la arcilla. El olor de la miel atrajo a una mosca que empezó a zumbar sin parar. Néstor, con sus manos ocupadas, intentaba quitarla de la maqueta y que no se acercara a su pan.
Cuando vio que se posó en la esquina de la maqueta, intentó espantarla con el pincel, pero su brazo tropezó con un tarro de pintura roja que empezó a derramarse por la maqueta. Arreglando el desastre con una mano, intentaba dar bocados más grandes al pan, pues la miel se le escurría en la otra mano y la mosca seguía su faena jugueteando entre la cabeza y las manos de Néstor.
El zumbido de la mosca y la agilidad para anticiparse a la maniobras de Néstor incrementaban su impaciencia. Mientras la mosca saboreaba unas migas de pan que habían caído sobre la maqueta, Néstor lanzó un sablazo con su pincel y alejó a la mosca. De esta manera tuvo tiempo de empezar a limpiar las gotas de miel que habían caido en su trabajo y el desastre de la pintura.
Ocupado en esta tarea, con sus manos llenas de pintura y miel, intentando componer el caos que había causado la mosca, vio que la mosca tomaba impulso para atacarlo, pero sus manos estaban impedidas y sabía que no podían hacer otro movimiento o dañaría aún más el trabajo escolar, así que su último recurso fue tomar aire y lanzar un grito de guerra desde lo más profundo de su ser para intimidar a su atacante.
Su potente grito fue como un rugido y pudo ver frente a sus ojos cómo la mosca intentaba vencer el fuerte viento y sonido de su grito sostenido tirando abajo la teoría de la sordera de las moscas. El aire de sus pulmones se estaba terminando cuando vio que la mosca cayó muerta sobre el charco de pintura roja de su maqueta. Con el pincel corroboró que estaba inerte y decidió dejarla en la maqueta como trofeo de su contienda.
Al siguente día, Néstor esperó a presentar su trabajo frente a la clase para contar cómo había llegado esa mosca a su maqueta, puesto que el hecho de haber matado a una mosca de un grito era una historia digna de contar a esa audiencia y superior a cualquier esfuerzo por ganar la materia.

Buena historia me gusto y me mantuvo la atención, al final no me quedo claro si gano el punto extra o no? El ritmo va como rápido y eso ayuda a mantener la atención. A pesar que prefiero los párrafos largos creo que para una historia así de pequeña quedan mejor párrafos cortos.
ResponderEliminarGracias por tu comentario. Lo tendré en cuenta. Nos vemos pximo jueves.
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