domingo, 30 de noviembre de 2014
Poeta frustrado
domingo, 23 de noviembre de 2014
Invisible
domingo, 16 de noviembre de 2014
Conexión eclipsar
domingo, 9 de noviembre de 2014
Batalla contra Cronos
Miguel había invitado a su esposa a pasar un fin de semana en un balneario famoso para celebrar su aniversario. Por razones laborales, él ya se encontraba en el lugar. Gabriela tenía que tomar un avión desde la ciudad hasta ese plácido lugar y, como de costumbre, con días de anticipación ya había empacado la maleta para no olvidar nada.
Llegado el día, se levantó temprano, cerró la maleta y le dejó comida y agua suficiente al gato. Al cerrar la ventana, notó que el gato estaba en una de las ramas del árbol del jardín y para no perder tiempo convenciéndolo con alguna golosina o uno de sus juguetes para que entrara en casa, decidió trepar al árbol y bajarlo con sus propias manos.
Al llegar a la rama y estirar su brazo para alcanzarlo, sintió que la rama se partía y cayó al suelo. Al abrir los ojos, sintió un fuerte dolor en la cabeza; su gato estaba en su pecho y le lamía la cara. Finalmente entró al gato en la casa, pidió un taxi y le indicó al conductor que la llevara al aeropuerto.
La mañana estaba soleada, los carros avanzaban sin problema mientras ella agradecía a la vida por poder conocer por primera vez ese hermoso lugar y celebrar junto con su amado. Su dolor de cabeza se iba disminuyendo, pero notó que tenía unos arañazos en el pecho. Durante el trayecto, sonó su celular. Era su esposo que le dijo: "ya debes estar a punto de despegar, que tengas un lindo viaje".
Gabriela colgó inmediatamente la llamada, miró su reloj y no podía creer que ya habían pasado dos horas desde el instante en que se subió al árbol y el momento en que llegó el taxi. Iba tarde al aeropuerto. Sin duda, debía haberse desmayado al caer del árbol, pues no había ninguna otra explicación para que el tiempo no le alcanzara. Ahora comprendía por qué al abrir los ojos, después de la caída, el gato estaba lamiéndola y tenía arañazos en el pecho.
Como por arte de magia, al confirmar que iba tarde, el tráfico empezó a congestionarse cerrándole el paso al taxista. Los semáforos se tornaron rojos y no faltó el carro que quedó varado obstruyendo el paso.
El tiempo es implacable y cuando se ha perdido es imposible de recuperar. Es como si se iniciara una batalla contra Cronos, dios del tiempo, que tiene en su mano una guadaña y un reloj de arena para indicar que el tiempo todo lo destruye y pasa insensiblemente. Pero en esta oportunidad no era su error, había planificado por semanas este encuentro y no podía creer que iba a perder el vuelo. Gabriela no había desperdiciado el tiempo, no era justo que la guadaña de Cronos la acosara, pues necesitaba dejar al gato dentro de la casa. Los "hubiera hecho esto" empezaron a suscitarse como latigazos en su espalda, mientras se envolvía en una angustia existencial.
Cuando llegó al aeropuerto, la encargada le informó que el vuelo estaba cerrado. Ella suplicó con vehemencia, pues no podía creer que esto le pudiera estar pasando. Le contó sobre el gato, el árbol, el golpe que tenía en la cabeza y le mostró los arañazos en el pecho, pero nada conmovía a la encargada.
Perder este vuelo implicaba perder el fin de semana que había planeado con su esposo, pues el siguiente vuelo era en un par de días. Empezó a llorar en su desesperación y se agarró del brazo de la encargada para que la dejara subir. La encargada retiró su brazo con fuerza y dejó caer el intercomunicador. Gabriela lo recogió y escuchó una voz: "no podemos despegar, enviar paramédicos a la nave".
Gabriela le entregó el intercomunicador a la encargada con una sonrisa de esperanza. Después de hablar en clave por el intercomunicador, la encargada le dijo que una maleta del compartimento superior se había caído sobre un pasajero provocándole una herida y necesitaba una sutura. Los paramédicos iban en camino y era su oportunidad de entrar al avión.
Corrió emocionada por los pasillos, pasó migración, llegó a la sala de embarque y subió agradecida al avión. Nunca pensó que lograría alcanzar el vuelo. Vio a los paramédicos atendiendo al herido. El pasajero herido le guiñó un ojo y le sonrió, ella le sonrió de vuelta; no le pareció una herida tan terrible para demorar un vuelo, pero gracias a este hombre pudo alcanzar el vuelo. Cuando pasó por su lado, cubrió con su mano los arañazos de su gato mientras veía que el hombre tenía un pisacorbata de un gato como si se hubieran confabulado para ganarle a Cronos la partida, compensar el tiempo perdido y realizar su viaje.




