domingo, 25 de mayo de 2014
Bandido
domingo, 18 de mayo de 2014
Palomas
Como la mayoría de los habitantes de la zona, Don Ariel había venido del campo a buscar un mejor futuro en la ciudad.
Después de varios meses de dificultades, encontró puesto en una imprenta.
Él se encargaba de levantar los tipos de las publicaciones que llegaban.
Con su sueldo, pudo adquirir un lote y poco a poco construir una casa.
En el barrio, conoció a Mariela, su único y gran amor.
Al terminar la casa, contrajeron matrimonio.
Vivieron 46 años de casados, comprendiéndose y amándose cada día.
Su única tristeza fue que nunca tuvieron hijos.
Sin embargo, aceptaron este designio de Dios (según ellos) y esta pena les dio más fuerza para permanecer unidos.
Don Ariel quedó sin empleo al ser reemplazado por una máquina.
Con su liquidación, terminaron de adecuar su casa y la huerta.
Vendrán tiempos mejores, decía Mariela, lo único importante es que nos tenemos el uno al otro.
El pasatiempo de Mariela era la cría de palomas. Le encantaba alimentarlas y ver cómo día a día venían más. A don Ariel no le gustaban las palomas, decía que se reproducían como cucarachas y no las veía como mascotas, sino como una plaga. A pesar de aborrecer a estos animales, les tenía cariño por la forma en que Mariela los criaba.
Un día, Mariela murió de un infarto.
Ahora don Ariel no tiene vida, ni esperanzas, sólo espera que ella vuelva por él.
Los vecinos se preocupan por darle comida y don Ariel la reparte a las miles de palomas que actualmente viven bajo su techo, haciendo nidos en los cajones, abriendo agujeros en las paredes o en cuanto lugar agradable encuentran. Don Ariel sólo quiere morir.
Se levanta con dificultad de su cama para alimentar a las palomas tal como lo hacía Mariela y vuelve a dormitar esperando que la muerte se apiade de él, mientras su casa se convierte en un palomar.



