Puerto Bello era una comunidad que nació con la ilusión de hacerle honor a su nombre. Cinco aventureros, conociendo los planes de desarrolllo de la región, comprendieron que ese lugar se convertiría en un punto estratégico para el comercio, porque conectaría el transporte fluvial con la carretera principal, que estaba en construcción.
Me impresionaba la entereza y resulución de estas familias al fundar el pueblo, cuya segunda generación ya estaba jóven y, como dicen las abuelas, en edad de merecer; pero seguían convencidos de que sus esfuerzos serían recompensados en cinco o diez años con regalías, como ya lo habían escuchado de otros lugares.
Desde donde yo vivía hasta Puerto Bello había unos 25 kilómetros, que un medio maratonista puede recorrer en menos de dos horas y que yo tardé siete horas. Estos colonos tardaron días en su primer viaje cargando sus pertenencias y lo necesario para sobrevivir.
Mientras transitaba por el trayecto, pensaba en cómo estas familias habían hecho el viaje. Yo apenas lograba caminar con una mochila en la espalda, sorteaba cañadas, subía y bajaba colinas y hasta escalaba rocas. El camino era impredecible y el guía llevaba un machete para ir abriendo trocha.
El día en que viajé, llovía a cántaros y la humedad hacía ver más imponente la vegetación. El terreno se volvía más fangoso, de forma que mis pasos eran lentos y requerían de mucha fuerza; cuando sentía que caminaba con libertad era porque mis botas se habían quedado ancladas en el lodazal y tenía que volver a buscarlas.
Los colonos me enseñaron el lugar como si necesitara un mapa turístico, pero con un sólo vistazo lograbas conocerlo. Luego sacaron una copia amarillenta de la oficina de planeación, me regalaron un pedazo de tierra y lo marcaron en el mapa, tal como lo hacían con todo aquel que los visitaba. Me insistían en que podía colocar allí una escuela. Su afán era convencer a otras personas para hacer crecer el caserío y convertirlo en pueblo, pero los planes de desarrollo habían cambiado años atrás y el nombre de Puerto Bello nunca llegó a coincidir con la realidad.

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