domingo, 6 de abril de 2014

El humo

Federico era el proveedor de la casa y su rutina de trabajo de ocho a cinco no había cambiado en años. Su posición cómoda, debido a una educación tradicional, lo hacía almorzar en casa junto a su esposa e hijos y luego continuar su trabajo.
 
Pero esta situación cambió cuando, cumpliendo la promesa que él le había hecho a su suegro, su esposa decidió que era el momento de iniciar sus estudios universitarios. Entonces los roles cambiaron y Federico tuvo que asumir de un momento a otro habilidades jamás puestas en juego. Dada su inexperiencia, las primeras semanas sólo tenía el encargo de calentar el almuerzo de sus hijos.
 
La tarea era muy simple: primero, llegar a la casa a mediodía; luego, poner a calentar las ollas que su esposa dejaba en el fogón; y por último, servir la comida a los niños que regresaban de la escuela. Sin embargo, cambiar roles después de quince años requiere habilidades básicas que Federico nunca había desarrollado.
 
Él se concentraba en cumplir con las tareas: llegaba a la casa a la hora indicada, prendía los fogones para calentar la comida, pero nunca logró concluir el tercer paso. Apenas iniciaba el paso dos, se dirigía a la sala a leer el periódico y la concentración por realizar las tareas se difundía en la distracción por leer el periódico y esa lectura se convertía en una actividad que lo enajenaba. Nada lo distraía, ni siquiera el olor a comida quemada.
 
Era increíble que esta situación se repitiera a diario. Uno llegaría a pensar que una señal lo sacaría de su ensimismamiento lector, pero su poder de concentración era tan férreo que el error se repetía.
 
Lo mismo sucedió incluso el día más crítico: nuevamente llegó a la hora indicada, prendió los fogones y se sentó en la sala a leer el periódico, desde los titulares hasta los clasificados. Esta vez no sólo se quemaba la comida, sino que las ollas se estaban derritiendo y el humo denso logró distraerlo de su lectura.
 
Ese mismo humo alertó a los vecinos que de inmediato llamaron a los bomberos; éstos irrumpieron en el hogar justo cuando el fogón empezaba a quemarse. Federico se extrañó con su presencia y los bomberos le preguntaron si no se había dado cuenta del incendio. Federico admitió que justamente abrió la ventana porque el humo no lo dejaba leer.



 


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