domingo, 7 de diciembre de 2014

Con dignidad

Albeiro, un niño de ocho años, le pide a su maestra que le ayude a ahorrar. Él recauda algunas monedas ayudando a sus vecinos a sacar las bolsas de basura o haciendo favores ocasionales, como si fuera un encargado de entrega a domicilio. También puede simplemente conseguirlas jugando canicas con sus amigos.
 
Tomó la decisión de pedirle apoyo a su maestra para evitar la tentación de tener dinero en su bolsillo y luego gastárselo en helados o dulces, que son su mayor fascinación.
 
Cuando llega el fin de mes, Albeiro se acerca a su profesora, quien le ha guardado en el cajón del escritorio, en un tarro de lata, las monedas y billetes que el chico le ha entregado durante el transcurso de las semanas. Luego cuenta el dinero ahorrado y se va a su casa con el dinero en un sobre y una gran sonrisa.
 
El año escolar está llegando a su fin y la maestra, aplaudiendo el esfuerzo del chico por el ahorro, tiene inquietud de saber cuál es el fin del mismo. Le pregunta y el chico responde que se lo entrega a la sociedad mutual.
 
La maestra no está familiarizada con el término, así que le pregunta a un colega, quien le explica que muchos grupos sociales utilizan el sistema de auxilio mutuo, en especial en la iglesia católica, para la creación de un fondo común que permita ayudar a los más pobres con los gastos funerarios. Y que, desde hace un par de años, en el barrio existe una sociedad mutual que ayuda con los entierros de las familias que allí viven.
 
La maestra perpleja decide visitar el lugar para entender qué le puede ofrecer la sociedad mutual a un chico de ocho años como Albeiro. La encargada de la sociedad mutual le explica que ellos a cambio de un pago mensual, garantizan que la persona, al momento de morir, pueda tener un entierro de alta calidad con honras fúnebres acorde al plan que elijan.
 
Impaciente por su descubrimiento, siente urgencia de hablar con Albeiro. El chico sonriendo le explica que, como ella ya sabe, sus padres y hermanos fueron víctimas de la violencia barrial y tuvieron que meterlos en una fosa común, donde él no puede ir a llorarlos. Él no quiere correr con la misma suerte, sabe que no es dueño de su vida, porque el lugar en donde vive está contaminado por las drogas, por el dinero fácil y la pobreza extrema. Sin embargo, a pesar de su corta edad, está convencido de que en cualquier momento la muerte lo puede alcanzar y por eso decidió acudir a la sociedad mutual para que por lo menos le garantice un entierro digno.


1 comentario:

  1. Que pragmatismo tan duro... en quiénes tienen el negocio y Albeiro... la vida en muchos lugares pero no deja de ser duro.

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