Su rostro empezó a dibujar una sonrisa, que se fue ampliando hasta convertirse en una carcajada, una de aquellas que te llevan hasta las lágrimas y que produce paz interior, porque esa carcajada revela un profundo entendimiento.
Como ráfaga, le venían a la mente sus angustias y preocupaciones, sus búsquedas y miedos, sus inquietudes y desvelos. Todo contribuía a que su risa se propagara. También recordaba rostros apiñados de personas con las que compartió intereses y a los que amaba profundamente, así como otras,que tan solo le habían generado rabia y rencor. De todas se reía ahora con nostalgia por sus encuentros y desencuentros.
Se reía, además, de las banderas que había enarbolado, de la pasión por pequeñas y grandes ideas que había defendido, desu interés a veces genuino y otras espurio por contribuir a un mundo mejor, de su necesidad de protagonismo o de las veces que se había callado.
Se reía de su idea de justicia y libertad, de haber seguido modelos económicos, políticos o sociales, como si fueran la forma correcta de vivir en armonía. Le producía gracia las veces que quiso hacer primar su razón por sobre la de los demás, cuando quiso demostrarle al mundo su originalidad, su diferencia. Incluso se reía de su idea de paz y amor.
Ya nada de eso importaba, sintió que todos esos años habían sido un simple sueño. Ahora caminaba por un túnel de luz pensando en que la vida toda era tan solo un paso, un momento en el que se distrajo de lo verdaderamente importante. Podía ver la angustia de los médicos por salvar su vida y el dolor de sus seres queridos, pero solo sonreía al comprender que toda la vida era solo un pequeño interludio.

No hay comentarios:
Publicar un comentario