Son las cinco de la tarde, hora en la que los empleados deberían salir, pero las puertas están selladas por la policía y el departamento de sanidad. Los 120 empleados están en cuarentena, porque surgió una amenaza de SARS, ese síndrome respiratorio agudo severo que se catalogó como una pandemia.
Dicho síndrome surgió como una neumonía atípica que se transmite por contacto directo cuando la persona tose o estornuda, y quien tiene la enfermedad presenta fiebre alta, tos, dificultad al respirar y produce la muerte; el síndrome, a la fecha, ya había reportado más de 5,000 casos en el mundo y más de 500 muertos.
Todo inició en la mañana, cuando al empezar la jornada laboral, notaron que la recepcionista estaba estornudando y se veía bastante congestionada, con fiebre y tos. Alguien de la empresa, sin duda de aquellos que no se pierden los noticieros, denunció el hecho agregando que la recepcionista por aquel entonces tenía un novio de Canadá y, dado que este era uno de los países con alerta roja, el caso fue tomado como relevante.
A las 10 de la mañana, cuando la encargada de recursos humanos la estaba ayudando a regresar a su casa para tomarse un par de días, llegaron los servicios de sanidad a atender a la paciente, mientras la policía colocaba la cinta de seguridad y etiquetas que no dejaban entrar o salir a ninguna persona de la institución.
La encargada de recursos humanos reunió a todo el personal y un vocero del departamento de sanidad, ataviado con guantes, mascarilla, gafas, traje y botas especiales para riesgo biológico, químico y nuclear, explicó que se trataba simplemente de una sospecha de SARS y que por eso se había declarado la cuarentena hasta probar si la sospecha era real. También indicó que cualquier persona que presentara síntomas tenía que ser reportada y bajar al primer piso para brindarle atención.
Pese a que según las investigaciones del síndrome, si alguien se contagia, los síntomas aparecen dos o tres días después, algunos empleados comenzaron a sentir los síntomas. Una gripe tan contagiosa podía haberse incubado días antes y esparcirse por los conductos del aire acondicionado.
Trabajar en esas circunstancias era imposible, pues cada cierto tiempo el cuerpo de sanidad revisaba a las personas y empezaron a bajar a los que tenían síntomas. Hacia el medio día, había una veintena de enfermos, todos con fiebre y tos.
Los rumores en los pasillos al saber que el virus había cobrado una nueva víctima angustiaba al personal. Un estornudo sorpresivo generaba temor y muchos sentían fiebre y dolor de cabeza. Hacia las cinco de la tarde, el 60% del personal estaba enfermo y el resto desesperado por irse a su hogar.
La tensión era alta pues afuera empezaron a llegar los familiares, que presionaban para que dejaran salir a las personas sanas. Otros llegaron con deseos de apoyar a los enfermos en sus últimas horas. La muerte empezó a hacerse inminente y las despedidas telefónicas manifestando deseos, perdones y "te amos" congestionaron las líneas.
Finalmente a las 7 de la noche llegaron los resultados de la prueba de sangre de la recepcionista; se estableció que era una gripa común, que el novio canadiense jamás había tenido contacto con ella, pues por el momento era una relación por internet. Los enfermos se curaron milagrosamente y quedó el recuerdo de haberse dejado influenciar por la presión psicológica de una pandemia.

No hay comentarios:
Publicar un comentario