Las musas me habían abandonado y no tenía material para escribir. Intentaba repasar mi vida para recordar alguna anécdota o cuento que llegara a mi imaginacion, pero nada sucedía, todo en mi cabeza estaba en orden, limpio, en blanco. No había vestigios de alguna pieza o hilo conductor que me ligara a algún recuerdo. Era como si viviera un transtorno de la memoria más que un olvido pasajero.
La única forma de recuperar mis recuerdos era revisar el baúl. Allí guardaba mis papeles, cuadernos y pequeñas notas escritas en pedazos de papel o servilletas. Ese baúl era mi apoyo, mi punto de encuentro con mis ideas, mi soporte y refugio para mis recuerdos. Ese baúl era mi referencia, mi lugar secreto para guardar cartas, tarjetas, fotos y, lo más importante, los pequeños papeles con ideas, muchas ideas de proyectos y sueños.
Solo verlo me producía una gran emoción, era como entrar en un bosque lleno de plantas de miles de formas y colores. Su cerradura era muy antigua y sencilla de abir. No necesitaba de candado, pues no me preocupaba que fuera inseguro y pudiera ser visto por otros, lo importante era que no se fueran las ideas y que lo que guardaba permaneciera allí. Apenas lo abría, se sentía un aroma a papel viejo y chocolate, pues también era el lugar ideal para dejar chocolates que acompañaran mi lectura.
Pero ahora ni siquiera recordaba donde estaba el baúl. No sabía en qué lugar lo había dejado después de tantas mudanzas y cambios. Estaba segura de que no podía haberlo dejarlo a la deriva, puesto que el baúl hacía parte de mí. No creía que se lo hubieran robado, pues solo me hacía sentido a mí.
Las grandes tragedias vividas, como el incendio, no lograron quemarlo, porque no recuerdo el olor de papel o cenizas volando. Tampoco recuerdo que fuera afectado por la inundación, pues la humedad carcome las cosas y ya lo habría notado.
Después de mucho buscar, hoy por fin lo encontré. Estaba intacto, parecía como si alguien lo hubiese cuidado por mí. Se veía brilante, como nuevo. Cuando me acerqué y toqué su cerradura, dudé por un instante que fuera mío, pero, al abrirlo, ese olor característico me devolvió mi sonrisa y comprendí que jamás lo había extraviado, pues siempre fue producto de mi imaginación.

No hay comentarios:
Publicar un comentario