Fabián y Sonia habían llegado a la finca de sus tíos. Les encantaba este lugar, pues allí tenían la oportunidad de hacer cosas diferentes a las que hacían en la ciudad. Lo que más les gustaba era pasar horas en el establo donde había varios caballos y podían acicalarlos, montarlos y mantener una comunicación con ellos. A su edad, ya los dejaban ir solos y cabalgar por la pradera.
Cada uno preparó su caballo, pusieron la montura, el cincho y las riendas. Fabián retó a Sonia a realizar una carrera y ella aceptó con gusto. El primero en llegar a la laguna ganaba.
Apenas inicaron la carrera, Fabian tomó ventaja. Sonia apretaba con fuerza sus pantorrillas y taloneaba al caballo para que galopara más rápido. Su caballo empezó a sacarle ventaja a Fabián, pero él, para no dejarse ganar, taloneó de nuevo a su caballo adelantándose un poco.
Sonia se levantó en los estribos para reacomodarse, pero notó que la silla se iba a un lado. El cincho no quedó bien puesto y la hebilla se abrió. La silla comenzó a resbalarse del caballo y Sonia asustada por intentar agarrar el cincho perdió las riendas y, para no dejarse caer, se agarró de la crin del caballo.
El caballo galopaba desbocado e iba perdiendo a su paso todos los aditamentos; al sentirse libre, crecía su brío y fuerza, pero Sonia no se soltaba del cuello y se aferraba a él como una garrapata.
Su hermano alcanzó a ver el apuro en el que se encontraba Sonia y trató de alcanzarla para frenar al caballo y salvar a su hermana; pero entre más se acercaba al caballo, más se violentaba.
Sonia resistió con estoicismo y el caballo, al llegar a la laguna, redujo la velocidad; cuando Sonia vio el borde de la laguna, se dejó caer. Su hermano llegó unos instantes después y la encontró sentada en la orilla: trataba de calmar su risa nerviosa mientras le decía "te gané".
El caballo se acercó a ellos y relinchó brioso; lo que ellos interpretaron como una exigencia de libertad. Fabián tomó al otro caballo, le quitó la montura y las riendas y los dos caballos emprendieron huida por un camino desconocido.
Sonia y Fabián regresaron a la casa intentando explicar a sus tíos cómo los caballos apostaron una carrera con ellos y se habían ido victoriosos.

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