domingo, 11 de mayo de 2014

Dulce sonrisa

Jamás me imaginé que fuera a ser madre; no era algo que tenía en mis planes, en especial porque no compartía esa idea de realización de la mujer asumiendo este rol.
Pero la vida se va desenvolviendo de formas tan misteriosas que, cuando me llegó el momento, mi corta visión del tema y los clichés sociales me llevaron a imaginar que la maternidad llegaría a mí como un rayo de luz iluminándome desde el cielo y que aflorarían en mí el instinto maternal y esa sabiduría mágica que se le otorga a las mamás.
 
Pero en mi caso no fue así.
 
En mi primer embarazo llegué a la conclusión de que era producto de un intercambio interplanetario sin que nadie lo percibiera. Yo sólo engordaba intentando descubrir el significado de la dulce espera. Cuando nació la bebé, sin llorar, con unos grandes ojos que parecía que ya conocía el lugar, sentí que me hablaba telepáticamente y entendí que en vano esperaría que bajara la dichosa luz divina. Ella era de otro planeta. No había tiempo para esperar milagros y simplemente tomé la decisión de ser mamá a partir de ese momento.
 
En mi segundo embarazo llegué a la conclusión de que la energía terrestre se manifiesta no solo cuando las placas tectónicas se acomodan, sino también con una nueva vida .Yo no engordé casi nada y todos los achaques que había escuchado, desde mareos matutinos hasta agrieras y antojos, entre otros, estuvieron presentes durante los nueve meses. Cuando nació el bebé, supe que un terremoto había llegado a mi vida y que tomar esta decisión de ser mamá era nueva, pues no valía de nada la experiencia ganada con su hermana. 
 
Después de casi dos décadas, comprendo que estos seres de luz, tan disímiles (tierra y fuego, Sí y No, sabiduría y energía) me eligieron para poder desarrollar su mejor potencial. Sabían que al aceptar este reto, ellos podían acceder al mundo sin necesidad de sentirse comprometidos con mis designios o caprichos. Ellos me eligieron para hacerme mamá, me escogieron sentados en alguna nube, porque les pareció interesante mi ignorancia en el tema, burlaron los instintos maternales. La decisión de tenerlos implicaría un reto diario para dejarlos ser de acuerdo con su escencia. Mis hijos son libres y no me deben ni siquiera la vida, y esta aventura me produce una dulce sonrisa.

2 comentarios:

  1. Igual pienso, es una dulce espera a lo desconocido!!! Mamá

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  2. Buenísimo Diana y felicidades, por la maternidad y por escribir esta bella narrativa.

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