sábado, 2 de abril de 2016

Tripulación perdida

Llevaba prisa y me subí enfadado en el taxi que me estaba esperando hace más de media hora. No solo pensaba en el recargo de tarifa, sino en el tráfico de la ciudad para llegar al aeropuerto a tiempo.

No podía creer que estuviera saliendo más tarde de lo que había planeado y todo por atender la noche anterior una reunión interminable en la que no concluimos nada y que me significó dormir tan solo un par de horas.

Aunque me esforzaba por presionar al taxista y contraía mi cuerpo como queriendo, con puro esfuerzo mental, acelerar el coche, sentía que todo se oponía a mis intenciones: semáforos en rojo, gente que se atravesaba, agentes de tránsito que le daban la vía a otros, en fin. El taxista intentaba romper ese témpano de hielo que yo había creado hablándome del clima, de lo linda que era la ciudad, pero sus palabras, de acuerdo con mi percepción, en vez de servir de consuelo, sentía que lo distraían de su objetivo.

Finalmente llegué al aeropuerto con una prisa indescriptible; presenté mi boleto y pasaporte en el mostrador y me indicaron la puerta de embarque. Iba con el tiempo justo para subir al avión y corrí por los pasillos desesperado.

Al llegar a la sala de espera vi que los pasajeros se encontraban sentados y aún no habían abordado el vuelo. Pude respirar hondo y sentir que había alcanzado al tiempo y todo volvía a la normalidad.

Luego, se escuchó por el altavoz la voz de una señorita que informaba que el avión ya estaba en el lugar, que la empresa quería cumplir con el horario acordado, pero que la tripulación estaba perdida.

¿Cómo que perdida? Todos los que estábamos en la sala nos miramos con duda, pues nadie comprendió el término perdida.

¿Acaso no encontraban el rumbo del aeropuerto o la puerta de embarque? ¿Perdida en la vida como cualquier ser humano que no sabe el sentido real de la misma?

Decidí acercarme a preguntar a qué se refería con la tripulación perdida.
La señorita me indicó que simplemente la tripulación asignada no llegaba, ni se había comunicado con la empresa y no se  podía designar a otra; tan solo esperar con paciencia.

Los pasajeros tejieron  hipótesis sobre la tripulación perdida, que variaban desde problemas del pago hasta abducción siniestra alienígena.

Me quedé sentado divagando en mis propias ideas sobre el asunto cuando una azafata tocó mi brazo, confirmó mi nombre y me indicó que debía ir a otra sala.

Miré a mi alrededor y fue como si en un abrir y cerrar de ojos no solo la tripulación se hubiera perdido, sino los pasajeros y hasta el avión.

Le pregunté a la azafata si ya habían encontrado a la tripulación perdida. Ella un poco malhumorada respondió: ¿tripulación perdida?, lo único aquí perdido es su vuelo, y como retribución a su historia lo único encontrado es el enlace que pudimos hacerle.


Me senté en la silla que me indicó y revisé mi reloj.  El tiempo se había esfumado y no tenía claridad si realmente hubo una tripulación perdida o inventé este cuento para poder regresar a casa.


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