"El chihuahua es una de las razas más pequeñas", dijo mi padre de camino a la casa de unos amigos. Como buen veterinario, le encantaba hablar de las características de los perros. La visita no solo era para saludar, sino para revisar al pequeño chihuahua que habían comprado. El perro me pareció muy frágil, como un bambi diminuto, con las orejas y los ojos más grandes que el cuerpo, pero con algo de ternura como todo cachorro.
Después del examen de rigor, le colocaron un collar que lo hacía ver más pequeño; empezó a husmear por todos lados. Me inquietaba su ladrido. Era muy agudo y continuo y no dejaba que nadie se acercara. Ladraba para evidenciar que allí estaba, gritarle al mundo sus ideas, no quedarse callado y mostrar su fiereza.
Después del examen de rigor, le colocaron un collar que lo hacía ver más pequeño; empezó a husmear por todos lados. Me inquietaba su ladrido. Era muy agudo y continuo y no dejaba que nadie se acercara. Ladraba para evidenciar que allí estaba, gritarle al mundo sus ideas, no quedarse callado y mostrar su fiereza.
Unos minutos después, las hijas del dueño me invitaron a salir al parque para pasear al chihuahua. El perro ladraba sin cesar y espantaba a quienes querían acariciarlo.
En el parque había un viejo pastor alemán, que paseaba con tranquilidad. Se veía noble y dulce. El pastor se acercó al chihuahua y se sentó en frente de él como contemplándolo. El chihuahua ladraba y ladraba y el pastor solo lo observaba.
Después de escuchar con atención los ladridos del chihuahua, el pastor, sin moverse, ladró. Su ladrido no fue fuerte, parecía que le contestaba al chihuahua con una sola palabra y el "guau" del pastor enmudeció al chihuahua. Más que enmudecerlo, lo dejó petrificado. Las niñas alzaron al chihuahua y regresamos corriendo a la casa, en donde mi papá verificó que su corazón se había detenido tras un paro cardiaco. "El Chihuahua no solo es pequeño, es de corazón frágil", fueron las palabras de mi padre cuando lo auscultó. Las niñas empezaron a llorar y el "guau" del pastor se quedó grabado en mi mente como la palabra sabia que enmudece al charlatán.

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